Insistir en lo positivo
      es un artículo de Eduardo Abajo Domínguez publicado en GARA el 29 de agosto de 2001 y que contesta a artículos anteriores de Jose Ignacio Herranz y a Iker Gallastegi.


      Insistir en lo positivo

      En el artículo "A cada cual lo suyo", (GARA, 23-08-01), José Ignacio Herranz tuvo la amabilidad de responder a otro mío anterior publicado en esta misma sección el 20-08-01 ("Respuesta a Iker Gallastegi").

      Aunque me hubiese gustado conocer su opinión al respecto, José Ignacio Herranz no responde a la cuestión principal que yo pretendía plantear con mi escrito, que era concretamente la, en mi opinión, ineficacia política de la actividad armada de ETA en las circunstancias actuales para forzar una negociación política. Al menos, a mí no me parece respuesta a tal cuestión el recurrir al «mal de muchos» como explicación, olvidando que cuestiones como la proporcionalidad y la legitimidad de fines y medios en el uso de la violencia (siempre presente, ciertamente, en toda sociedad) no pueden obviarse ni solventarse con un genérico «también ellos».

      Sin embargo, sí que plantea otra cuestión diferente que me parece interesante y de imprescindible debate entre quienes abrigamos alguna intención soberanista. Creo interpretar correctamente al autor si resumo su artículo diciendo que la falta de compromiso soberanista por parte de PNV-EA contribuyeron decisivamente a terminar con la tregua y a perpetuar la actividad armada de ETA.

      En mi anterior escrito ya avanzaba la importancia que me merece esta cuestión, cuando escribía: «...habrá que valorar el compromiso, los ritmos, los pasos que cada cual esté dispuesto a dar realmente...»; y esa valoración no podrá hacerse sin debate, sin contrastar los diferentes planteamientos de las distintas fuerzas políticas. Más de una vez, comentando este tema con algún allegado he planteado sin ningún ánimo capcioso la cuestión que se cita: ¿Qué iniciativas concretas deberían haber promovido los responsables de los partidos aludidos (PNV-EA), que hubiesen evitado la ruptura de la tregua? ¿Qué deberían haber hecho y no hicieron? No tengo hasta la fecha respuesta satisfactoria. Y tampoco me parece que sirvan los ejemplos que cita J. I. Herranz en su texto (selecciones, carné, Trebiño...), algunos con más importancia simbólica que eficacia real en pro de la consecución de la soberanía. No me lo parecen porque no tengo la impresión de que ETA reclamase tan solo el bordear o superar tímidamente la legalidad con medidas como las apuntadas, sino que más bien parecía exigir la superación revolucionaria de esa legalidad con medidas que tuvieran «consecuencias» efectivas en el plano de la soberanía como proclamar, aprovechando la mayoría nacionalista del Parlamento de Gasteiz, la República de Euskadi o, ¿por qué no?, de toda Euskal Herria.

      ¿Exagero? Tal vez, pero me valdré de un ejemplo de los que cita Herranz para explicar mi impresión de que aquel tipo de medidas no hubieran bastado para mantener la tregua. Proponía Herranz: «Exigir el cumplimiento del acuerdo parlamentario contra la dispersión». ¿Sería suficiente? Veamos: exigir el cumplimiento de un acuerdo parlamentario sobre una cuestión que legalmente está fuera de la competencia del tal Parlamento tiene un indudable valor simbólico pero, si quien legalmente tiene tal competencia hace caso omiso, tendrá tanta efectividad real como las «enérgicas condenas» de la violencia (tan vacías muchas veces) que se suceden. Cuando ETA planteó una exigencia similar relativa a los presos, secuestrando al concejal M. A. Blanco y no obtuvo la respuesta deseada, no se conformó con la exigencia retórica, sino que acabó injustificablemente con la vida del concejal secuestrado, provocando en su contra la mayor presión social, política y mediática que yo recuerde (aunque entiendo que mi frágil memoria no sea referencia válida para J. I. Herranz).

      ¿Eran, pues, ese tipo de medidas citadas por Herranz las que reclamaba ETA o, más bien, las del tipo que yo exageradamente señalaba? No lo sé, pero en cualquier caso, más importante me parece preguntarnos qué era lo que en aquellas circunstancias deseábamos (y deseamos ahora) las ciudadanas y ciudadanos vascos que aspiramos a recuperar nuestra soberanía. ¿Qué pasos, qué acciones, qué medios son los que nos parecen más adecuados desde el ámbito institucional, político, social... para avanzar hacia la soberanía? Y otro aspecto que a mí me parece fundamental (porque creo que fue uno de los factores que hizo fracasar Lizarra) aunque sólo aparece indirectamente y de refilón cuando J. I. Herranz planteaba sus cuestiones a PNV-EA. Decía Herranz: «¿Qué les impide dar pasos por su cuenta?». A mi juicio, nuestra realidad socio-política hace inviable cualquier iniciativa de solución real que se intente «por cuenta propia», sin contar con «el otro». Gallastegi lo expresaba bien en el artículo que dio origen a estas respuestas, al decir que la auténtica negociación es la que se produce entre quienes no están de acuerdo (enemigos, decía él).

      Si hablamos de auténticas soluciones es imprescindible la participación de todos. Y dando por hecho que quienes firmaron Lizarra en su momento están dispuestos a esa participación, la cuestión sigue siendo no que PNV-EA (o Batasuna o IU) den pasos «por su cuenta», sino lograr que quien niega hasta la existencia del propio conflicto (confundiendo interesadamente tal conflicto con sus efectos violentos) participe en un proceso que se abriese para resolver tal conflicto. Y sin duda ayudaría a este objetivo (el de que el PPSOE cambie su actitud), el situar la reivindicación soberanista en vías exclusivamente civiles. El propio Herranz lo admite al comentar mi observación sobre el desasosiego que provocaba la tregua en el Gobierno, puntualizando con acierto que el desasosiego lo causaba no la tregua en sí, sino el compromiso soberanista del conjunto de partidos nacionalistas. ¿No deberíamos, pues, insistir por esa vía corrigiendo pasados errores, clarificando las respectivas posiciones en el sentido arriba indicado: «qué pasos, qué acciones, qué medios»... asumibles por todos?

      Desde este punto de vista sería un error en mi opinión, por parte de PNV-EA el no hacer todos los esfuerzos posibles para llevar a cabo en esta misma legislatura la prometida consulta sobre autodeterminación, como hace poco se especulaba en los medios de comunicación. ¿Qué mejor forma para empezar a saber hasta dónde estamos dispuestos a llegar, que preguntarnos si real y mayoritariamente deseamos (o no) ir a alguna parte? No es lo único que se puede hacer, desde luego, pero si de momento seguimos sin poder decidir, al menos que nos oigan (y nos oigamos) y que no se confunda nuestra voz con el ruido de la pólvora.

      Postdata. Tras redactar mi respuesta a J. I. Herranz, he leído la que me da I. Gallastegi (GARA 27-08-01).

      Creo que lo dicho aquí vale también para I. Gallastegi, en lo referente a su opinión sobre la responsabilidad de PNV-EA en la ruptura de la tregua. Por lo demás, me gustaría añadir lo siguiente:

      1­ No soy, efectivamente, militante de ninguno de los partidos que cita ni tampoco, al menos de momento, de colectivo o «corriente» alguna. Aunque si lo fuera no se añadiría ni quitaría valor a lo dicho, puesto que se trata de opiniones meramente personales. Por otra parte, puesto que yo tampoco le conozco, no tengo inconveniente alguno en que nos conozcamos personalmente si ello le resulta de algún interés.

      2­ Yo tampoco efectuaba una crítica a nivel general sobre la legitimidad de la lucha armada de los pueblos sometidos. Sí pretendía una crítica concreta a la lucha de ETA en este momento histórico nuestro, no a lo acaecido hace 40 años.

      3­ A pesar de mi agnosticismo, comparto el texto de los P. Pasionistas que Gallastegi aportó y en mi escrito anterior hice referencia (y compartía la visión de Gallastegi) a la injusticia de la que hablaba. Pero reitero la cuestión que entonces planteé: ¿sirve, en el momento actual, la acción de ETA para restaurar la justicia, o sólo crea nuevas injusticias?

      4­ Creo que el Sr. Gallastegi, en mi respuesta a Herranz, verá que ambos coincidimos en señalar como principal objetivo el conseguir mover de sus posiciones al Gobierno. Y en ese contexto es donde enmarco mi crítica a ETA, por considerar su acción, no sólo ineficaz, sino contraproducente para tal objetivo. Y mi apuesta, en consecuencia, por las vías políticas.

      Eduardo Abajo Domínguez

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